
Por Thomas Geiger (dpa)
Mientras antes se trataba sobre todo de mejoras externas, ahora las marcas se concentran más en agregar valor en el interior. Con la creciente conectividad y digitalización de los autos, los fabricantes se acercan cada vez más al mundo de la llamada Consumer-Electronic (CE), dice Stefan Bratzel.
El profesor de Economía del Automóvil en la Universidad de Bergisch Gladbach, en Alemania, ve una creciente necesidad de actualizaciones de software y de nuevos sistemas electrónicos. Las firmas se ocupan hoy, por ejemplo, de la más moderna integración del teléfono inteligente o de la creación de nuevas apps.
Lo más habitual ahora es la amplia introducción de sistemas conectados como Apple Carplay, Mirror-Link o Android Auto, tecnologías con las que el “smartphone” se conecta con el coche. “Mientras las actualizaciones de software se han convertido hace tiempo en una necesidad, los retoques externos resultan ahora prescindibles en una época en la que los clientes comparan cada vez más la actualidad de su vehículo con los elementos de conectividad de que dispone”, dice Bratzel.
El otro aspecto en el que más se centran los ingenieros son las emisiones de CO2, sobre todo con las nuevas disposiciones europeas. Para 2020 todas las marcas se han puesto como meta los 95 g/km. Cada gramo de CO2 ahorrado supone un importante esfuerzo. Cada gramo cuesta 100 millones de euros, según lo cuantificó el presidente de Volkswagen, Martin Winterkorn.
Daimler invierte casi la mitad de los 6.000 millones de euros que dedica a investigación y desarrollo en la reducción del dióxido de carbono y en las tecnologías verdes. A menudo no queda dinero para agregar nuevos elementos a la carrocería.
Los expertos opinan que ya no hay que renovar mucho con cada actualización porque los intervalos de producción ahora son mucho más cortos, lo que hace que haya más variantes en menos tiempo, por lo que los clientes pierden la perspectiva.
Las firmas se ocupan de la carrocería sólo cuando los diseñadores se equivocan al principio. El grado de renovación también depende de la edad del vehículo. Cuanta más edad, más drásticos deben ser los cambios para estar más guapo. Pero cuanto más interviene una marca en el exterior, menos valor tienen los vehículos usados o de segunda mano, lo que puede generar descontento entre los clientes.
Que la renovación óptica sea moderada hace que se pierda el valor de los nuevos estímulos, que son los que alimentan casi siempre los impulsos de compra. Así lo ha experimentado dolorosamente Volkswagen en su mercado estadounidense. En el pasado, la marca alemana tuvo un éxito moderado por sus ciclos de renovación más largos con escasas modificaciones externas.
El público necesita ahora estímulos más frecuentes, ciclos de vida del producto más cortos.
Un pequeño consuelo para quienes buscan constantes modificaciones externas se encuentra en una frase de “El Principito”, del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos”.