San José, 25 sep (elmundo.cr) – El mercado de alquileres de corto plazo se ha convertido en uno de los principales componentes de la oferta de alojamiento turístico en Costa Rica, con cerca de 49.000 propiedades activas y aproximadamente 112.700 dormitorios, según una investigación del Centro de Estudios del Turismo (CET).
Los principales hallazgos del estudio fueron analizados por Víctor Umaña, director del CET, durante su participación en el podcast Pura Vida Turismo, dirigido por Mario Mikowski y Rolando Campos.
El estudio, elaborado con información de AirDNA, AirROI, Inside Airbnb, ICT, INEC, BCCR y OCDE, estima que en junio de 2026 Costa Rica contaba con 48.985 anuncios activos de alquiler de corto plazo, distribuidos en 243 mercados. Esa cifra equivale aproximadamente al doble de las 56.950 habitaciones de hoteles y cabinas registradas por el ICT.
El crecimiento del mercado ha sido particularmente acelerado. Entre 2019 y 2025, los anuncios de alquiler de corto plazo pasaron de aproximadamente 22.500 a 48.985, un incremento de 118%, mientras que las habitaciones de alojamiento tradicional aumentaron alrededor de 13%.
Un mercado concentrado en las zonas turísticas
La investigación muestra que el fenómeno no está distribuido de manera uniforme en el territorio nacional. La mayor concentración se encuentra en los principales corredores turísticos del Pacífico, especialmente en Guanacaste, Nicoya y el Pacífico central.
Entre los mercados con mayor cantidad de propiedades aparecen Jacó, Cahuita-Puerto Viejo, Tamarindo y Cóbano-Santa Teresa. En conjunto, 42 mercados concentran el 85,5% del inventario nacional. La Fortuna y Cahuita-Puerto Viejo constituyen además importantes núcleos fuera de las zonas costeras del Pacífico.
El estudio también identifica un cambio en la naturaleza del negocio. Aproximadamente 83% de los anuncios corresponden a viviendas completas, mientras que cerca de dos terceras partes son gestionadas por anfitriones que administran más de una propiedad.
Para el CET, esto significa que el alquiler de corto plazo debe analizarse cada vez más como una actividad profesional de hospedaje, y no únicamente como propietarios particulares que ocasionalmente alquilan una habitación o su vivienda.
US$813 millones frente a US$64 millones registrados oficialmente
Uno de los contrastes más llamativos de la investigación surge al comparar las estimaciones del mercado con las estadísticas oficiales de turismo.
AirDNA estima ingresos anuales de aproximadamente US$813,5 millones para el alquiler de corto plazo en Costa Rica. En contraste, la Cuenta Satélite de Turismo del Banco Central registraba US$64 millones en alquiler de casas de vacaciones a turistas en 2021.
El estudio señala que la cifra estimada para el alquiler de corto plazo equivale a unas 13 veces el monto registrado en las cuentas oficiales y plantea la conveniencia de incorporar este mercado de manera más completa en las estadísticas nacionales de turismo.
¿Hay más alojamiento que turistas?
Otro de los puntos centrales discutidos por Umaña es la relación entre el crecimiento de la oferta y la evolución de la demanda turística.
En 2025 Costa Rica todavía recibió 6,2% menos llegadas internacionales que en 2019, mientras que la capacidad de alojamiento aumentó considerablemente durante ese período. El estudio estima que actualmente cada unidad de alojamiento compite por aproximadamente 28 turistas, frente a 43 en 2019.
Los datos del alquiler de corto plazo muestran además señales de desaceleración: la cantidad de anuncios prácticamente dejó de crecer, con una variación de aproximadamente –0,2%, y algunos destinos costeros ya muestran reducciones en el inventario. Al mismo tiempo, los ingresos aumentaron 8,7%, principalmente por el incremento de las tarifas y no por un aumento en las noches vendidas.
El informe identifica estas tendencias como señales de saturación del mercado.
El impacto sobre la vivienda no es uniforme
La investigación también aborda uno de los debates más sensibles alrededor del alquiler turístico: su efecto sobre el precio de la vivienda.
El CET recoge estudios internacionales que encuentran una relación entre una mayor presencia del alquiler de corto plazo y aumentos en los precios de viviendas y alquileres. Sin embargo, el informe también señala que la evidencia internacional depende del contexto y que establecer causalidad no siempre resulta sencillo.
Para Costa Rica, Umaña plantea una distinción particularmente relevante: no todas las propiedades turísticas fueron viviendas para residentes antes de convertirse en alquileres de corto plazo.
Una parte importante de las villas y condominios construidos en las zonas costeras fueron concebidos desde el inicio como inversiones para el mercado turístico. Por ello, restringir su uso turístico no necesariamente significaría que esas propiedades regresarían al mercado de vivienda residencial.
Un nuevo desafío para el sector turístico
La investigación del CET plantea que el alquiler de corto plazo ya forma parte estructural del sistema de alojamiento de Costa Rica y que su expansión tiene implicaciones que van más allá de plataformas como Airbnb.
El fenómeno afecta simultáneamente la competencia entre hoteles y viviendas turísticas, el mercado inmobiliario, la disponibilidad de vivienda en comunidades turísticas y la planificación de nueva oferta de alojamiento.
El estudio del CET concluye que el país enfrenta un mercado de alquiler de corto plazo de gran escala, altamente concentrado en destinos turísticos y con una oferta que ha crecido mucho más rápido que la demanda turística. Al mismo tiempo, plantea la necesidad de mejorar la información estadística disponible para comprender con mayor precisión el impacto económico, turístico, inmobiliario y social de esta actividad.
Los estudios completos sobre el mercado de alquileres de corto plazo y la investigación realizada por el Centro de Estudios del Turismo están disponibles para consulta en el sitio web del Centro de Estudios del Turismo (CET): www.cet-cr.org.