San José, 19 oct (elmundo.cr) – Una obra nueva en el principal aeropuerto internacional de Costa Rica está generando cuestionamientos por una deficiencia difícil de ignorar: el área de llegadas destinada al encuentro entre pasajeros y quienes acuden a recogerlos no ofrece protección efectiva frente a la lluvia.
Las imágenes muestran cómo el agua ingresa por el perímetro abierto de la estructura y se acumula sobre el piso, a pesar de que el espacio cuenta con techo. El resultado es una zona mojada precisamente en un lugar diseñado para recibir a quienes aterrizan en el país y facilitar su encuentro con familiares, taxistas y representantes de agencias de viajes y operadores turísticos.
¿Cómo es posible que una construcción nueva en el principal aeropuerto del país no resuelva adecuadamente una necesidad tan básica como proteger a las personas de la lluvia?
Costa Rica tiene un clima tropical, con precipitaciones frecuentes e intensas durante buena parte del año. No se trata de un fenómeno excepcional ni de una condición imprevisible: la lluvia es una variable que debe formar parte de cualquier diseño arquitectónico destinado al uso público en el país.
Disponer de un techo no es suficiente si el agua entra lateralmente y termina mojando las superficies por las que transitan y esperan los usuarios. La situación plantea interrogantes sobre los criterios de diseño, la protección contra las condiciones meteorológicas y la funcionalidad real de la infraestructura.
Una primera impresión que no debería ser esta
El área de llegadas constituye uno de los primeros puntos de contacto de muchos visitantes con Costa Rica. Allí se producen los reencuentros familiares, comienza la atención de los transportistas y se concreta el primer contacto de numerosos turistas con los operadores que los acompañarán durante su estancia.
Que ese espacio se inunde parcialmente cuando llueve no es un detalle menor. Además de la incomodidad para los usuarios, el agua sobre el pavimento puede aumentar el riesgo de resbalones y caídas, especialmente cuando hay equipaje, personas mayores o viajeros con movilidad reducida.
La situación también merece atención desde la perspectiva turística. El aeropuerto Juan Santamaría es una de las principales puertas de entrada al país y su infraestructura debe responder a las condiciones reales en las que opera, no solamente ofrecer una apariencia moderna.
La pregunta es inevitable: ¿se contemplaron adecuadamente las lluvias tropicales durante el diseño y la construcción de esta obra?
Una deficiencia que exige explicaciones
Lo ocurrido plantea la necesidad de que las autoridades y la administración responsable de la infraestructura expliquen si el diseño contemplaba medidas suficientes para impedir la entrada de agua, qué criterios técnicos se utilizaron y si se han identificado soluciones correctivas.
No se trata de exigir que una estructura permanezca completamente cerrada ni de desconocer la necesidad de ventilación en un clima tropical. Se trata de encontrar un equilibrio entre un espacio abierto y funcional y la protección básica que necesitan quienes lo utilizan.
Una obra nueva debe responder a las condiciones del país donde se construye. En Costa Rica, prever la lluvia no debería considerarse un lujo, una mejora opcional ni una complicación inesperada: es una condición elemental de diseño.
La infraestructura aeroportuaria debe facilitar la experiencia de llegada, no convertir la espera bajo techo en una exposición al agua. Si el problema se presenta en una construcción recién ejecutada, corresponde determinar qué falló y qué medidas se adoptarán para corregirlo.