San José, 07 sep (elmundo.cr) – Lo que comenzó como un comedor infantil para brindar un plato de comida caliente se convirtió, con los años, en un modelo de atención integral que acompaña a niños y adolescentes desde la primera infancia hasta la universidad y la incorporación al mercado laboral. Esta es la historia de la Fundación La Casa de los Niños, organización que trabaja desde hace más de 16 años en Tirrases de Curridabat con población en condición de vulnerabilidad y que actualmente atiende a unos 340 niños y adolescentes.
De cara al Día del Niño, la Fundación destaca que transformar las condiciones de vulnerabilidad de los menores requiere mucho más que atender necesidades inmediatas. Su experiencia plantea que la educación, el acompañamiento emocional, el fortalecimiento de las familias y la generación de oportunidades deben formar parte de un mismo proceso.
“Un niño no deja de estar en riesgo porque recibió una ayuda una vez. El cambio requiere acompañamiento constante y una red de apoyo capaz de sostenerlo durante las diferentes etapas de su desarrollo”, explica Catalina Chaves, directora de la Fundación La Casa de los Niños.
De un comedor a un modelo integral
La historia de la organización comenzó en 1995, en Barrio Nuevo de Curridabat, bajo el nombre de Comedores Infantiles El Buen Samaritano, con la misión de brindar alimentación a niños en condición de necesidad, luego, en el año 2000 se abrió un segundo comedor en Tirrases.
“El trabajo directo con las familias permitió identificar que el hambre era solo una parte de una problemática más amplia. Las necesidades educativas, emocionales y familiares también estaban limitando las posibilidades de desarrollo de los menores. Nos dimos cuenta de que el problema no era solamente el hambre”, recuerda Chaves.
Esta realidad impulsó la creación, en 2008, de la Fundación La Casa de los Niños. El proyecto inició con 16 niños, dos docentes, un psicólogo y dos aulas y evolucionó hacia un modelo que promueve el éxito educativo y fortalece la resiliencia. Luego se incorporaron nuevos programas para responder a las distintas etapas del desarrollo, como el kínder y el apoyo académico para estudiantes de secundaria en el 2011, así como el Programa Universitario y de Empleabilidad en el 2019.
Actualmente, los estudiantes asisten dos veces por semana a la Fundación como complemento de su educación formal. Reciben apoyo académico, psicológico y emocional, además de participar en actividades orientadas al desarrollo de habilidades sociales y personales.
El modelo también incorpora el arte como herramienta de transformación. El programa “Soñamos Juntas” abrió oportunidades para que niñas y jóvenes incursionaran en el ballet, mientras que la Escuela de Música Casa de los Niños, creada en 2017, permite a decenas de niños y adolescentes desarrollar habilidades musicales.
Para la Fundación, estas actividades son parte del proceso educativo porque contribuyen a fortalecer la disciplina, autoestima, creatividad, comunicación y sentido de pertenencia.
El acompañamiento tampoco termina al concluir el colegio. A través del Programa Universitario y de Empleabilidad, jóvenes que crecieron dentro de la organización han recibido apoyo para acceder a estudios superiores y oportunidades laborales. Actualmente 25 jóvenes han llegado a la universidad y 7 ya se graduaron, convirtiéndose incluso en los primeros profesionales universitarios de sus familias.
Otro de los aprendizajes de la Fundación ha sido que ningún proceso de transformación infantil puede sostenerse sin involucrar a los padres y madres. Por esta razón, la organización desarrolla un programa de manejo integral de las familias, que incluye acompañamiento emocional y capacitación.
“Cuando se acompaña únicamente al niño, se deja por fuera una parte esencial de su realidad. La familia debe formar parte del proceso, El objetivo es fortalecer las capacidades de los adultos para acompañar a sus hijos y generar mejores condiciones para su desarrollo”, señala Chaves.
Romper ciclos
La Fundación reporta resultados que reflejan el impacto de este acompañamiento prolongado. Jóvenes que ingresaron al programa con dificultades educativas han logrado permanecer en el sistema formal, continuar hacia la educación superior e incorporarse al mercado laboral.
Según los datos proporcionados por la organización, el 93,1% de los egresados de secundaria que participaron en el programa no presenta conductas de riesgo significativas, mientras que el 86% de los beneficiarios universitarios estudia, trabaja o realiza ambas actividades y el 62% cuenta con un empleo formal.
“Estos resultados son, para la Fundación, una muestra de que la vulnerabilidad no tiene por qué determinar el futuro de un niño. Las soluciones efectivas no surgen únicamente de la teoría, de los subsidios o de los discursos, sino del conocimiento del contexto y del acompañamiento constante y estructurado”, afirma Chaves.
La Fundación Casa de los Niños sostiene que uno de los principales factores para generar cambios es la continuidad. Una intervención puntual puede resolver una necesidad inmediata, pero transformar una trayectoria requiere años de acompañamiento. Por eso, su modelo busca permanecer junto a los beneficiarios en diferentes momentos: desde el kínder, durante la educación primaria y secundaria, hasta la universidad y el empleo.