La Ley de Moore cumple 50 años sin que los chips conozcan sus límites

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Gordon Moore propuso la Ley Moore y fue uno de los fundadores del que hoy es el mayor fabricante de chips del mundo, Intel. Crédito: Intel / dpa

Por Renate Grimming (dpa)

Todo comenzó con un artículo en una revista especializada en electrónica hace 50 años. Y aunque no había sido concebido más que como un principio para industria, la teoría de que aproximadamente cada 18 meses se duplica el número de componentes en un chip se popularizó como la Ley de Moore y se cumple desde entonces.

Ninguna otra regla ha impregnado tanto el desarrollo tecnológico y la era de la computación como la Ley de Moore, sin la cual posiblemente no hubiera sido posible el éxito de las computadoras de sobremesa en los años 80 y 90 y la revolución actual con los dispositivos móviles. Y por el momento tampoco se vislumbra su final, pese a que el sector de semiconductores se acerca lentamente a sus límites físicos y financieros.

La Ley de Moore fue propuesta por el químico y físico Gordon Moore, uno de los fundadores del que hoy es el mayor fabricante de chips del mundo, Intel. Cuando comenzó a fabricar microprocesadores a mediados de los años 60 junto con el físico Bob Noyce y el químico Andy Grove, aquello era tierra virgen.

Unos tres años antes de la fundación de la empresa, Moore publicó en la revista “Electronics”, el 19 de abril de 1965, un artículo sobre la producción de procesadores en el que proponía la idea.

Según Moore, ante la caída de los costes se produciría un aumento constante del rendimiento de los microprocesadores. Se trataba entonces de un pronóstico, no de una “ley”, y fue incluso reformulado con el tiempo por el propio Moore.

Primero había señalado que aproximadamente cada año se duplicaría el número de transistores en un circuito integrado (y por tanto, según diseño, aproximadamente el rendimiento de un chip). Más tarde estimó que el plazo es de entre 18 meses y dos años.

La regla sigue vigente e impulsa el desarrollo de aparatos cada vez más pequeños y con mayor rendimiento. Las empresas como Apple, HP y Samsung pueden confiar al diseñar sus dispositivos que los chips -como si se tratara de una regla de la naturaleza- serán cada vez más pequeños y de mayor potencia.

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La ley Moore es la teoría que defiende que aproximadamente cada 18 meses se duplica el número de componentes en un chip . Crédito: Intel / dpa

Su intención con el artículo sólo era describir un desarrollo observado en la industria de los semiconductores, declaró hace poco Moore a una delegación de Intel que le hizo una entrevista a este ex director de la firma. Uno de sus compañeros bautizó luego la regla como Ley de Moore, que en aquel entonces era “lo único que me parecía que iba a poder predecir”. Jamás imaginó que hoy en día seguiría vigente.

Con el tiempo, la ley se convirtió en la medida de lo que se supone que tiene que pasar en la industria. Durante años, Intel, con sus chips, y Microsoft, con su sistema operativo Windows, mantuvieron la espiral ascendente de rendimiento. Una alianza bautizada por la industria como “Wintel”.

Cuando se llegó a los límites, nuevas tecnologías fueron permitiendo reducir los chips a un tamaño nanométrico. Aunque los costes de desarrollo se han disparado, por el momento no se vislumbra el final de esta tendencia.

Los tamaños de los chips se miden en nanómetros (una mil millonésima parte de un metro) y ya no se los puede reconocer a simple vista. El procesador más moderno de Intel, el Broadwell, tiene 1.300 millones de transistores, frente a los 2.300 del primer chip, el 4004, desarrollado a principios de los años 70.

Pese a todo, en la actualidad Intel no es el líder en cuanto a procesadores que ahorran energía para smartphones y tabletas. La empresa dominante en este campo es la británica ARM, con suya arquitectura fabrican sus aparatos firmas como Samsung, Apple y Qualcomm.

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